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Y ahora… ¿Quién se queda con el perro?

  • Foto del escritor: Lic. Carlos Chavez
    Lic. Carlos Chavez
  • 5 may
  • 2 min de lectura
Quien se queda con el perro

Durante años, en los divorcios mexicanos hubo discusiones intensas por la casa, las cuentas bancarias, los hijos, los muebles… hasta por la vajilla.


Cuando aparecía el perro, el gato u otro animal de compañía, el sistema jurídico lo reducía a “una cosa”. Al nivel de una sala, un automóvil o un televisor.


En los convenios de divorcio, las mascotas aparecían dentro del inventario de bienes. No existía obligación de analizar vínculos afectivos, rutinas de cuidado, estabilidad conductual, estrés, apego o calidad de vida del animal.


La ley reaccionó. Tarde, pero reaccionó.

Como suele ocurrir, las leyes llegan cuando las necesidades sociales y la ciencia lo exigen. En una gran parte de nuestro país la sociedad cambió.

El reconocimiento de los animales como seres sintientes en la legislación de la Ciudad de México respondió a un cambio cultural concreto: la sociedad dejó de considerarlos como simples bienes muebles.


Y la ley, eventualmente, tuvo que ponerse al corriente.

La reforma al Código Civil de la CDMX, de noviembre de 2024 establece con claridad en su artículo 267: cuando las personas que se divorcian poseen uno o varios animales, el convenio podrá incluir un plan de cuidados que garantice su protección y bienestar, precisando quién tendrá la custodia y tomando en cuenta factores como la capacidad de cada parte para ofrecer un ambiente adecuado, disponibilidad de tiempo y recursos.


Así como la Constitución Política de la Ciudad de México que a partir de diciembre de 2025 reconoce: Los animales son seres sintientes, merecen trato digno, y su tutela es responsabilidad común.


Pero vamos a ser claros, reconocer no es lo mismo que saber aplicar.


Tener las leyes es el primer paso. No el último.

Para que estas reformas marquen una verdadera diferencia en la vida de los animales, se necesitan: jueces con criterio técnico en materia de bienestar animal, abogados litigantes especializados, protocolos claros para evaluar quién realmente está en mejor condición de hacerse cargo, y autoridades con herramientas para verificarlo.


El bienestar animal no es una moda o una opinión. Es una ciencia. Involucra condiciones y necesidades específicas que deben de ser evaluadas con rigor técnico.

Por lo que la respuesta a la pregunta de “¿quién se queda con el perro?” hoy debería recaer en autoridades, peritos y abogados con formación técnica en bienestar animal, capaces de evaluar con criterios basados en estándares nacionales y condiciones objetivas de cuidado, para brindar certeza jurídica a una sociedad cada vez más consciente de sus seres sintientes.

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